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Jorge Ramírez

El Levante cae ante su reflejo (2-0)

13 de enero de 2013 - 18:47h.
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Incluso en la derrota hay que acentuar el comportamiento y la herocidad mostrada por el colectivo azulgrana. El Levante resulta poético hasta en el contratiempo porque la cita ante el Real Betis en el Estadio Benito Villamarín nació y evolucionó plagada de acontecimientos luctuosos que se fueron concatenando proponiendo un encuentro muy alejado del imaginado por el entorno azulgrana en los instantes previos al inicio de las hostilidades. Y sin embargo, las huestes de Juan Ignacio Martínez trataron de recomponer su figura. Aceptaron que el duelo no iba a seguir las coordenadas establecidas en otras confrontaciones y lucharon con todas sus fuerzas para reconducir la situación y tratar de reducir a un Betis magistralmente conducido desde el eje de la vanguardia por Rubén Castro. Le acompañó Campbell, quizás en un guiño al momento por el que atraviesa un Betis que va lanzando en la clasificación.  El atacante canario tuvo la lucidez en los metros finales que echó en falta el Levante para amortiguar la contundencia de los golpes sufrido por el espíritu indómito de los atacantes verdiblandos. Fue uno de los aspectos que establecieron una clara frontera de separación entre los dos adversarios citados sobre el verde del coliseo bético. El Betis fue excelso frente a la meta de Munúa mientras que el Levante se ofuscó ante Adrián.

La confrontación proponía emociones entre dos adversarios ubicados en los estratos más distinguidos de la tabla. La sobriedad stajanovista que define al Levante ante el fútbol academicista que trata de imponer el conjunto que prepara Pepe Mel, pero la banca saltó por los aires en un abrir y cerrar de ojos. El Levante se vio en inferioridad en el marcador en un suspiro. No está acostumbrado a encajar goles de tal calado. El grupo se armó  en torno al área de Adrián para rematar un saque de esquina y segundos más tarde Munúa recogía el balón del fondo de sus mallas. Todo ocurrió a la velocidad del sonido. Molina propulsó a Rubén Castro en dirección hacia el arco granota. El atacante conjugó velocidad y calidad para abrir sobre la entrada de Campbell. El costarricense, entre signos de interrogación durante buena parte de la Liga, rompió el partido con un toque de calidad con el interior. El Levante sintió en primera persona y en sus carnes el tipo de acciones que suele proponer y que desactivan las constantes de sus adversarios.

Quizás la principal virtud del Betis, al margen de la terrible pegada que exhibió, fue el hecho de saber contrarrestar la filosofía que caracteriza al Levante proponiendo una mutación en su manera de entender los encuentros y de jugarlos sobre el tapete. Es incuestionable que la celeridad del gol de Campbell ayudó en el diseño propuesto. Desde esa perspectiva, hay que resaltar la lealtad del Levante y el respeto absoluto a los órdenes del partido. El once azulgrana se encontró con un paisaje de difícil acceso; espinoso, pero nunca claudicó ni se marchó del duelo. Se lo impide su orgullo y su racial relación que mantiene con disciplina del balón y que, en cierto modo, le define y caracteriza. Pronto entendió que había que cambiar el plan establecido. Era la única fórmula posible para mantenerse con vida. Sin Iborra en la medular y con Martins en el banquillo, por unas molestias musculares, Michel y El Zhar comenzaron a aflorar por la faz del mediocampo del Villamarín.

El Betis sintió el temor muy de cerca. El Zhar se revolvió entre tres defensores en la frontal del área bética y filtró un pase interior sobre la aparición de Rubén. Adrián estuvo superlativo ante el toque del canterano. Más tarde, Chris desde atrás, ingresando en el área local, lanzó un caño a su par y cayó cuando trataba de rematar. El lateral alemán reclamó con insistencia. El Levante adquiría el dominio de la confrontación. Lo hacia con juego y con intención aunque le faltó claridad en los metros finales. No obstante, el Betis encontraba espacios para que se expresara Campbell. Al filo del descanso el costarricense se presentó en las inmediaciones de Munúa después de anestesiar a los defensores granotas que le surgieron al paso. El partido estaba definido. Cada espacio libre era una invitación a formalizar una peligrosa contra para el Betis.

Martins ingresó en la segunda parte del choque. El atacante nigeriano en una de sus primeras apariciones dejó un balón suelto en las cercanías de Adrián sobre la llegada de Roger aunque el disparo del joven atacante valenciano se marcho fuera. El Betis se acorazó sobre su perímetro defensivo para salir como una bala hacia la meta levantinista. Parecía como si los papeles entre los protagonistas se hubieran intercambiado. Rubén Castró encontró un balón en el área de Munúa, se deshizo de Ballesteros, tal y como desenfundaban los pistoleros más rápidos del viejo Oeste, y alojó con clase el esférico lejos de los dominios del meta uruguayo. El Levante en los minutos finales cayó preso de la frustración que suele generar sobre sus oponentes. El balón fue suyo, se aproximo por las cercanías de Adrián, pero sufrió de estress en cada contragolpe del Betis. No obstante, decidió morir de pie; sin reclamar clemencia. Como en los viejos boleros destiló poético y emoción hasta en la derrota.  

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