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El gol de Juanlu ante el Betis y la jornada que preludió el liderato en Primera

11 de enero de 2013 - 13:49h.
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Aquella tarde de domingo de octubre de 2011 la imagen del Levante apareció inscrita sobre el vértice más elevado y distinguido de la clasificación general en Primera División. Por detrás surgían auténticos trasantlánticos como el F.C. Barcelona o Real Madrid. La instantánea no quedó congelada en el tiempo. No se solidificó. De hecho, se desvaneció conforme iba avanzando la cronología de la jornada séptima de la competición en la máxima categoría, pero actuó de avanzadilla. La evolución de la tarde fue propiciando una variación en el ático de la tabla y un regreso a los posicionamientos iniciales. La victoria ajustada del Barça ante el Sporting de Gijón determinó que la escuadra que preparaba Josep Guardiola se convirtiera  en el centinela de la clasificación con catorce puntos en paridad con las huestes de Juan Ignacio. El valor de los goles mantenía al Barcelona como líder. Sin embargo, el Levante durante unas horas mantuvo una hegemonía que no tardaría en plasmar como comandante máximo de la principal división del fútbol nacional. El partido ante el Betis preludió el liderato conquistado unas semanas más tarde en el Estadio de El Madrigal de Villarreal ya de facto.

El calendario reunió aquel domingo de octubre a dos equipos en alza en el cosmos de la elite en la capital hispalense. Bajo un sol africano, los dos bloques rompieron las hostilidades sobre el verde del Estadio Benito Villamarín. La victoria presagiaba la adopción de emociones fuertes. La suma de los tres puntos podría catapultar a ambas sociedades hacia los estratos más altos de la tabla. Era un componente que unificaba a los dos oponentes, en la previa de la cita, y que ennoblecía y confería pompa a la confrontación. Era un encuentro lujoso para dos colectivos que, a priori, no parecían preparados para cuitas de tal calado en un mundo tan hostil y complicado y, sobre todo, tan refrectario a sus intereses. Sobre el tapete verde convergían dos adversarios que circundaban por la luminosidad. Eran dos rayos de esperanza. El Levante instauró la dictadura del triunfo desde que Koné adquririera la condición de inmortal tras doblar a Casillas en el choque ante el Real Madrid ante la noche estrellada del Ciutat.

Desde entonces las victorias se sucedieron en el feudo de Vallecas y ante el Espanyol al abrigo del estadio granota. El Betis había caído en Getafe en la jornada inmediata, pero sus réditos eran cuantiosos y cuantificables en un arranque de Liga marcado por el signo de la victoria. El Betis deseaba pisar el césped del Bernabéu, en la semana siguiente a los hechos narrados, en una situación de verdadero privilegio. Ese aspecto validaba el duelo ante el Levante. Y, principalmente, la consecución del triunfo. En ese sentido, la confrontación estaba totalmente contextualizada. Dos equipos que parecían contradecir a la razón, rodeados de verdaderos gigantes. El partido entre sus ingredientes surgió la vendetta. Juanlu silenció al coliseo bético después de empalar un centro de Valdo desde el costado derecho del campo.

“Fue un partido especial”, rememora el protagonista de la diana vencedora. “Marqué el gol de la victoria y fuimos líderes provisionales. A nivel personal lo recuerdo como algo muy bonito”. El futbolista plasmó dos rituales que le acompañaban por entonces en la celebración del gol; tuvo una dedicatoria para su hija y con los pulgares hacia atrás pareció reivindicar su nombre y su número. En el pasado hubo una estrecha relación entre Juanlu y el Betis que el tiempo desanudó. La diana marcó el rumbo de la confrontación. Los tres puntos volaron hacia el Ciudad ampliando a cuatro el registro de triunfos consecutivos. Por unas horas el Levante antecedió al Barça en la tabla aunque fue un paso fugaz y evanescente que, no obstante, se materializaría apenas dos semanas más tarde. El Levante era un equipo monocorde en pos de la victoria. Tras desabaratar al Málaga llegó el triunfo épico en Villarreal y el liderato. 






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